Con el naranja del amanecer
atravesando mi ventana,
tu cuerpo, aún yacente ,
desprende pétalos de radiante luz
robados a la noche.
Mi corazón,
derramado aún en la penumbra,
te busca exasperado.
¡Luna que quiebras su cintura,
luna decadente,
haz un hueco donde cobijarme puedas!
Mis labios te llaman,
mi cuerpo te anhela,
el cénit de la dicha
contigo me lleva.