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lunes, 21 de enero de 2013

Celos de ti.

Noto tus ojos desnudos
cuando me miras
y siento
como tus manos están
huérfanas de mi cuerpo.

Noto que tu mirada
es un crepitar de luz
en otros ojos...

Pero,
no me digas
que la lava rugiente
de tus manos
se fundirá en el frío de otra piel.

Entonces remontaré
las aguas dormidas
de esos gélidos ríos
para llegar ante ti
                     y morir
                               de pie,
                          como un árbol.

                Pedro Vera Sánchez, Trinidad.

jueves, 11 de octubre de 2012

El mismo fuego.

El mismo fuego
que encendió tus pupilas
en otra ocasión,
calienta ahora
mis pies desnudos
y anima mi alma
a continuar aguardando
el maravilloso momento
de un nuevo encuentro.

Si las llamas pronunciaran
inesperadamente tu nombre
a lo largo de la noche,
correré a atizar el fuego.

Y si en sueños noto
el cálido roce de tus manos,
me las llevaré a la boca
en gesto de agradecimiento
y las besaré.

La luz de la sala
es débil
pero basta
para iluminar tu recuerdo
y revivir los delicados trazos
de la barra de cera
acariciada por la ágil
suavidad de tu mano.


Pedro Vera Sánchez, Trinidad.

jueves, 3 de marzo de 2011

Esta noche en mi alcoba


Esta noche, en mi alcoba,
tengo por compañero el silencio
pero disfruto el recuerdo
de sentir tus manos
resbalar por mi cuerpo.

Pedro Vera Sánchez, Trinidad.

jueves, 14 de octubre de 2010

Paráfrasis a J. A. Valente

“Cuando ya no nos queda nada,
el vacío del no quedar
podría ser al cabo inútil y perfecto.”
(J. A. Valente)


Espero aún que me prestes tus manos
para crear las palabras que no acierto
a pronunciar.

Tus manos y tu silencio,
continuo acoso que emana
borbotones de tristeza
y atraviesa mi corazón compungido
sin detenerse, como las olas
en su regreso al océano.

¡Aún tus manos acariciaran mi mente
mientras segrega estos versos
que no puede articular mi boca temblorosa!

¡Aún tus manos llenaran la oquedad
de tu persistente ausencia
con haces de besos silvestres
blancos de azahar y nardo!

¡Aún tus manos detuvieran la noche
que cae de bruces
antes que mi canto llegue
a acariciar tus oídos!

Sólo me quedan estos versos.

Sólo me quedan tus recuerdos.

Sólo me quedan unos ojos desnudos de ti.

Sólo la noche.


Nada, al fin, me queda.

Pedro Vera Sánchez, Trinidad.