Una vez
desarmados, escarnecidos, desahuciados, inhabilitados de todo derecho social…
¿Qué nos
queda?
Nos queda el
alma, principio que da forma y organiza el dinamismo vegetativo, sensitivo e
intelectual de la vida (RAE).
¡Y nadie puede arrancarnos el alma!
De ahí, el valor de la palabra.
Ahora toca hacer de ella un valor en alza.