Espacio abierto en el que intento plasmar las distintas vertientes poéticas, hasta donde modestamente alcanzo, pasando del amor al trovo, de la prosa al soneto...
Espero tus comentarios y sugerencias.
Cuando el sol se despereza viene a mirarse en tu cara porque sabe con certeza que la tienes limpia y clara.
Después mirando tu piel ve cómo el día se aleja, su corazón, rojo miel, llora y con pena se queja. Porque con la noche oscura sabe que la luna llega a abrazarte con ternura y con su velo lo ciega. Se pasa toda la noche pensando en ti sin cesar con el único reproche de no poderte abrazar. Y así soporta el tormento las noches de luna llena hasta que legue el momento de entrar en su fase nueva y disfrutar el reencuentro.
Luna, prendida al cielo, partida en dos mitades. Mantecado navideño cogido, con pespuntes, al aire. Luna, media luna solitaria que a las estrellas espantas. No cantes tu soledad, ni llores, que estás bella. Suelta tus cabellos a la ingravidez y danza contenta, Luna. Media luna en la noche serena cuando en el mar te bañas y del mar te burlas sin dejarte acariciar. ¡No mientas al marinero que no te puede pescar! Ese lunar que te acompaña en los primeros pasos al ver que su brillo ciegas, se oculta te deja sola, Luna Soberana del plantel nocturno. Borrón en el mar de puntos, que ha puesto adrede el artista en medio de su paleta. Yo, desde allí, entre el susurro lejano de las olas, al borde de la rivera te miraba, Luna, media luna, sin dejar de enamorar los instantes que entre tímidas nubes aflorabas. Torre, torre de Cope. ¡Álzame, súbeme allá arriba que quiero estar con la Luna! Tú, torre, que tanto la has disfrutado, déjame allí, con la Luna media luna. Tú rezumas de sus baños de primavera y otoño. Tú, que cada noche te confiesas a la Luna, media luna y le cuentas mil historias ya pasadas, dile que yo muero cada mes en luna nueva para volver a nacer cuando diviso la Luna, media luna. Dile a la Luna, media luna, que son dos alas mis sueños para llevarme a la Luna.
Pedro Vera Sánchez, Trinidad.
No llores, luna, tu silencio por la belleza de su cara… Su belleza es tu reflejo y tu envidia… el frescor de su sonrisa. No llores, luna, tu silencio, porque esta mujer no lleva la belleza en su cara sino impregnada en el alma. Y tú, luna, ausente y clara, lejana y muda.