lunes, 24 de enero de 2011

El poder de un saludo


Hoy he conocido
el color de la ignorancia.

Ha desfilado ante mí,
despótica, arrogante, ufana,
confundida entre el rumor
del canto del silencio,
cargada con el brillo de unos lienzos
manchados de pinceladas incoloras,
ausente de las manos del artista
que sueña los colores del arco iris,
ansiosa de la luz
de un plácido amanecer
que aguarda, que no llega...

Hasta tal punto me he sentido confundido
que he llegado a gozar, por instantes,
de esa visión acromática.

El cotidiano saludo matutino
                                    de un amigo
ha conseguido devolverme la sonrisa
y disipar el rictus que abarcaba
toda la superficie de mi rostro.

Pedro Vera Sánchez, Trinidad.

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