viernes, 15 de octubre de 2010

Aprender jugando (Prosa didáctica)

Aprender jugando para jugar aprendiendo

Ha sido, y es la escuela, un lugar de encuentro, de nuestros primeros contactos y nuestras primeras amistades. Y tal vez las mejores, las más sanas, las menos interesadas de todas nuestras amistades, al encontrarnos en una edad en la que nada nos ata a las normas establecidas y a lo políticamente correcto.

El niño tiene unos intereses y es ahí, en la escuela, donde ve cumplirse uno a uno todos sus objetivos: amigos, juegos, profesores... todos reman en el mismo sentido: juegan en el mismo patio, todos asumen y resuelven los mismos problemas, comparten los mismos espacios. Ejemplo vivo de convivencia y cooperativismo ha sido y es la escuela.

¿Seño, ayúdame que no puedo…? Ahí está la seño.
¿ … vamos a jugar a … ¿ Ahí están los amigos implicados en el juego.

Porque tanto el niño como el adulto, no son seres aislados y necesitan de una sociedad que le proporcione los medios para su desarrollo y dé respuesta a sus necesidades vitales.

En la escuela, además, como prolongación del hogar en nuestros primeros años, tenemos un papá-profe o una mamá-seño siempre atentos a responder a nuestras innumerables preguntas, socorrernos en nuestras caídas, ser escudos de nuestros primeros e infundados miedos y consolarnos en nuestros llantos.

Esto ha sido y es la escuela: lugar de encuentro. De encuentro de Alumnos, Padres, Profesores y resto del personal implicado en este complejo aparato de la Educación.

En este ámbito, la comunicación y el diálogo son indispensables para poder entendernos. Así comenzamos, casi sin darnos cuenta, a crearnos un clima de respeto mutuo y de tolerancia indispensable para solucionar nuestros “pequeños” problemas teniendo en cuenta todas las opiniones de nuestros semejantes.

Nos vemos, con el paso del tiempo, rodeados de amigos nuevos cada día, cada nuevo curso… Amigos que, procedentes de cualquier punto del planeta, se integran en nuestra comunidad, aprenden y participan en nuestros juegos al igual que nos enseñan los suyos. La interculturalidad nos impregna, sin apenas darnos cuenta a esas edades, lo que nos hace poseedores de una visión plural de un mundo en el que todos tenemos los mismos derechos y las mismas obligaciones, desarrollamos las mismas conductas y participamos conjuntamente con independencia y libertad creando, sin saberlo a esta edad, un ambiente democrático en el que cada cual acepta su rol.

Vamos creciendo, promocionamos y conocemos nuevos profesores en los que continuamos encontrando el guía que necesitamos en este largo camino de la Educación. En este nuevo periodo en el que nos movemos de forma más autónoma, ampliamos nuestras fronteras de conocimiento. Comenzamos a conocer a aquellas otras personas que también forman parte de este entramado que es el Centro Educativo: la Conserje, el personal auxiliar… Nuevos elementos que interactúan en este mismo espacio en el que nos movemos, jugamos y aprendemos. Nuevos elementos que nos valoran y nos respetan, que valoramos y respetamos, que colaboran en hacernos más fácil nuestro trabajo diario de forma solidaria lo que nos conduce, tal vez sin quererlo, tal vez sin darnos cuenta, a apreciar su presencia y añorar su ausencia en momentos determinados.

“- Mamá, Papá, mañana vamos de excursión al campo. Comeremos en el monte y no volveremos hasta la tarde. Vamos a ver cómo están los árboles que plantamos cuando éramos pequeños. No se ha secado ninguno y han crecido muchísimo…”

Porque es en la edad escolar cuando comenzamos a salir y a explorar otros espacios hasta ahora desconocidos y tan lejanos para nosotros que jamás alcanzaríamos con nuestras pequeñas zancadas. Comenzamos a movernos en plena Naturaleza, a observar la flora y la fauna, a amar lo que hacemos de forma lúdica pero con libertad, intriga y entusiasmo de la mano de nuestros tutores. Así aprendemos a conocer a las aves por su canto, por el color de su plumaje; los árboles por su tamaño, por sus frutos y de esa misma forma lúdica quedamos impregnados de tanta maravilla como somos capaces de descubrir en cada salida. Vivencias que recordaremos el resto de nuestra vida y que marcarán nuestro carácter hasta el punto de enfadarnos con nosotros mismos al observar que algo sucede fuera de este ámbito de belleza inocente, exuberante, que algo atenta contra “nuestro entorno”.

Esto es la Escuela, ese lugar en el que "aprendemos jugando y jugamos aprendiendo".

Cuando de mayores echamos la vista atrás, estas primeras vivencias de nuestra vida permanecen vivas, están presentes ya que representan nuestros primeros actos, primeros descubrimientos, primeras alegrías fuera del hogar. Y recordamos aquellos amigos del colegio con añoranza y alegría; a los profesores que nos guiaron en nuestros primeros trabajos, y recordamos el colegio, nuestra casa durante tantos años.

¡¡Y soñamos con aquellos juegos con los que tanto aprendimos!!

Desde el colegio pretendemos, con nuestro trabajo diario, que todos estos valores estén patentes en la comunidad educativa; que cada uno de los miembros de esta comunidad respete y valore, desde su ámbito particular, el sentido democrático y participativo de todas las actividades del Centro; que se aprecie y valore el sentimiento de respeto y conservación del medio ambiente; que se aprenda a hacer un uso razonable de las instalaciones del Centro y se mire por la conservación del edificio respetándolo e invitando a los demás a hacerlo; que se cree un clima de colaboración entre todos los sectores implicados: alumnos, padres, profesores, equipos de orientación, a fin de que el trabajo de los alumnos sea lo más productivo posible para su propia formación; que sea al diálogo y la comunicación el vehículo que nos lleve al respeto mutuo y a la tolerancia, a la solución de los problemas y conflictos de la Comunidad Educativa; a la aceptación del otro con su propia identidad cultural, racial, religiosa y todo ello en un ambiente solidario; que seamos capaces de desarrollar una actitud crítica, científica e investigadora tanto en el medio más cercano como en cualquier otra situación de su vida diaria.

Este debería de ser el camino. Para eso trabajamos.

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